Que pasa en el mundo?
La pérdida de tierra fértil, hoy uno de los problemas medioambientales más graves, afecta a alrededor del 40 por ciento de la población mundial, pero lo más alarmante es que el fenómeno sigue creciendo. Chile no está al margen y se calcula que dos tercios de su territorio está en proceso de degradación.
El fenómeno, mundialmente conocido como desertificación, más que implicar un avance de los desiertos existentes se refiere a la destrucción de suelos fértiles por la acción humana. Este problema en la actualidad afecta en forma directa a cerca de un millón y medio de chilenos. Entre las principales causas destacan: la deforestación y los incendios forestales, malas prácticas agrícolas, ganaderas y de riego.
En Chile se conjugan estos dos elementos: un país semi-árido con extendidas malas prácticas de producción agrícola, que vienen desde la Colonia. Para diversos especialistas el problema de la desertificación es un círculo vicioso entre el deterioro del medioambiente y las condiciones de vida de la población: la pérdida de fertilidad de los suelos se traduce en menores cosechas y producción ganadera, por tanto hay precarización de la vida campesina, con lo que se potencia la migración campo-ciudad, engrosándose las filas de trabajadores no calificados y los cordones de miseria en torno a las urbes.
Existen cuatro grandes causas de la desertificación: deforestación, sobrepastoreo, malas prácticas agrícolas y malas técnicas de riego. La tala o quema de bosques hacen que la tierra pierda una importante protección frente a la erosión, ya que los árboles fijan y humedecen los suelos, así como canalizan las aguas. El exceso de ganado destruye la vegetación que protege los suelos, exponiéndolos a los efectos erosivos del viento y el agua. Asimismo, la sobreexplotación agrícola termina agotando los nutrientes del suelo y, finalmente, un riego inadecuado, muchas veces excesivo, se traduce en salinización de la tierra.
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UN PROBLEMA CON RAICES PROFUNDAS
Según un estudio de la Universidad de Chile, a fines de la década del 70 el territorio es vulnerable a la erosión y desertificación en un 63 por ciento. Una investigación más reciente, realizada por la Conaf, señala que de 208 comunas estudiadas entre la III y la VIII regiones, además de la XII, 90 por ciento tiene suelos con algún grado de desertificación, lo que afecta al 13 por ciento de la población del país. Para encontrar las claves de la situación actual, hay que recorrer un par de siglos de historia.
En el Norte Chico, la sobreexplotación agrícola y ganadera, en particular la de ganado caprino, especialmente perjudicial para los suelos, terminaron destruyendo la vegetación. Ilustrativo es que hasta hace unos 50 años, en la IV Región se podía introducir ganado mayor, dada la cantidad de vergeles que había en la zona, mientras que hoy apenas pueden mantenerse pequeños rebaños de ganado menor.
La zona central del país, de la IV a la IX regiones, vivió un proceso similar. Estos territorios, desde hace unos 150 años, sufrieron una intensiva explotación de trigo; de hecho nuestro país fue considerado el “granero del mundo”, en el período de la “fiebre del oro” de California. Pero la sobreexplotación de los suelos terminó deteriorándolos fuertemente. Durante el apogeo de la producción triguera en nuestro país, se llegó a producir 120 quintales promedio por hectárea, hoy tenemos una media de tres quintales, casi una producción de subsistencia.
En el sur la situación resultó más dramática que en el resto del país. Con los colonos -chilenos, yugoslavos y alemanes- llegaron las quemas de bosques. Había que ganarle territorio a las selvas para la ganadería que requería extensas zonas de pastoreo. Durante décadas se promovió la quema masiva de bosque nativo. Como elocuente y dramático testigo de estos tiempos aún quedan en la región de Aysén un millón y medio de hectáreas de bosques quemados: miles y miles de troncos carbonizados empinados como estacas hacia el cielo. Hoy hay una conciencia más clara de las autoridades sobre el problema y se están desarrollando iniciativas en el marco del Programa de Acción Nacional contra la Desertificación suscrito por el Estado. Conaf, Indap y el SAG son los brazos operativos de la lucha contra la desertificación. Hasta la fecha se calcula la recuperación de unos tres millones de hectáreas, a un ritmo de 150 mil hectáreas por año. Sin duda son iniciativas importantes, pero insuficientes incluso para los propios protagonistas de este combate. Mal que mal, no sólo hay que luchar contra las causas actuales de la desertificación, sino también contra siglos de una depredación indiscriminada de nuestros recursos naturales
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La desertificación ha sido considerada como uno de los principales problemas ambientales del planeta. La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) define a este flagelo como la degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultantes de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas . El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que la desertificación cuesta al mundo 42.000 millones de dólares al año .
Entre las causas de la desertificación, una de las principales es la degradación a través de los procesos erosivos (erosión hídrica –aguas- y eólica –viento). La erosión es la pérdida del suelo cuando éste es arrastrado y llevado definitivamente por el agua o el viento.
El establecimiento de bosques ha permitido recuperar la capacidad productiva de suelos en gran peligro de erosión, neutralizando, así, el fenómeno de la desertificación. Los bosques protegen al suelo del efecto de los vientos y las aguas, al contar con una red de fuertes raíces que actúan como una malla de protección y facilitan la infiltración del agua hacia las napas freáticas , disminuyendo la escorrentía superficial; y, como ya hemos visto, los árboles del bosque -a través de sus copas- interceptan el paso de las gotas de lluvia, impidiendo su impacto sobre la tierra al encauzarlas lenta y suavemente por los troncos hacia el suelo.
Estudios e investigaciones de prestigiosas universidades y entidades especializadas, concluyen que las plantaciones forestales aportan muchos beneficios medio ambientales para el hombre, entre los cuales cabe mencionar los siguientes:
| • | El 90% de las plantaciones forestales chilenas se ha establecido en tierras afectadas por diversos grados de erosión; estos suelos han recuperado su productividad luego de establecida la plantación forestal, deteniéndose la erosión que los dañaba |
| • | Una hectárea de pino insigne o eucalipto captura 9 toneladas de CO2 anualmente, las que transforma en oxígeno, colaborando de manera importante a disminuir el efecto invernadero |
| • | La madera proveniente de las plantaciones forestales abastece al año el 90% de las necesidades derivadas de la demanda industrial y de las exportaciones. De esta forma, ayuda a disminuir la presión que ejerce el hombre por la madera proveniente de bosques nativos |
| • | El aumento de las plantaciones forestales, en otrora suelos desertificados o descubiertos, ha favorecido la recuperación de tales suelos por la intercepción a las aguas lluvia mediante las copas y fustes de los árboles |
| • | Los suelos de las plantaciones forestales son del tipo ácidos, pero no más ácidos que los de cualquier otro tipo de vegetación, p. ej., trigo, maíz, bosque nativo, etc. |
Las plantaciones forestales constituyen un Recurso Natural Renovable, es decir, se puede plantar tantas veces como se desee, sin destruir el suelo.
por cada kilogramo de alimento producido en los EE.UU. se pierden 6 kilogramos de suelo por la erosión del agua y del viento debido a las prácticas agrícolas usadas. El dato para los países en vías de desarrollo es peor - 12 kilos de suelo perdido por cada kilo de alimento producido. Hemos perdido ya tres cuartas partes de nuestro suelo cultivable debido a la erosión y si seguimos así, calcula Jeavons, dentro de los próximos 50 y tantos años ¡es probable que se agote por completo el suelo cultivable en el mundo
El 67% del territorio chileno está en estado medio-alto de desertificación y por el tipo de industrias que el Estado ha beneficiado con total desregulación, así como por la expansión desenfrenada de sus más grandes ciudades, el fenómeno amenaza con incrementarse.
No debe confundirse la desertificación con los desiertos mismos, que son ecosistemas en sí. “La desertificación consiste en procesos de pérdida de fertilidad, de muerte de los suelos, de degradación y pérdida de fuentes de agua y vida animal y vegetal por la acción humana”, explica Lucio Cuenca, director del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA).
En Chile, las principales causas de la desertificación son la deforestación, las malas prácticas agrícolas y ganaderas -como el monocultivo y el sobrepastoreo-, la desregulada expansión urbana y, sobre todo, el aumento de actividades extractivas de recursos naturales como la gran minería y la industria forestal.
Según el último censo agropecuario (periodo 1997-2007), se ha perdido un 32% de las tierras fértiles en Chile. “Se trata de una tremenda pérdida, sobretodo si el gobierno habla de ser una potencia agro-alimentaria, porque eso no tiene sustento físico para desarrollarse… a menos que sigamos con el destructivo monocultivo agrícola a costa del bosque nativo”, asegura Cuenca.
A la deforestación se suma otro factor a favor de la desertificación, sobre todo en la zona central: la irracional expansión urbana. El gobierno modificó el plan regulador metropolitano para aumentar las hectáreas urbanizables. Además, proyecta desafectar otras 11 mil hectáreas en los próximos años, de las cuales cinco mil, según el propio ministerio de Agricultura, son suelos de primera y segunda categoría en cuanto a calidad. “Estamos hablando de perder los suelos de mejor calidad de Chile”, advierten en el OLCA.
Las zonas más afectadas en Chile por la desertificación son las regiones III y IV, por culpa de la gran minería y las malas prácticas agropecuarias, la provincia de Malleco y toda la Patagonia, producto principalmente de la deforestación.










